¿Qué sabe
usted del locro, señor mío?
pregunté a
un español bien comedido
en conocer
costumbres argentinas.
Y viendo
que el silencio arremetía
la
explicación le di, y es la que sigue:
Consígase
una carne de vacuno
de
ochocientos o más, corte barato,
que el garrón
y la falda están dispuestos
a entrar en
el cocido muy a gusto.
Maíz blanco
partido vaya y compre,
que más de
setecientos no hacen falta,
y remójelo
bien en agua fría
la noche
precedente al gran banquete.
Lo mismo con
porotos de los blancos
que unidos al
maíz hacen alianza.
En vasija de
hierro o barro criollo
echará del
lechón las dos patitas
trozadas en
pequeño, pues le advierto
que esta
vianda se come con cuchara.
Ahisito le
pondrá la compañía
de panceta,
cuerito y tripa gorda
lavada, por
si acaso, y desgrasada
para hacer
menos bruto el alimento.
Al maíz
remojado échele mano
y sin miedo
entrevérelo a las viandas
mas no se
olvide, señor, de echarle agua
que de inicio
los litros serán cinco,
una poca de
sal, eso conviene
y no mucha
que el chancho ya es salado
pues tiempo
sobrará para que agregue
a su gusto
más fuerte o más lavado.
Prenda un
fuego mayor y estése atento
a bajarlo
chiquito cuando ebulla,
que por
veinte minutos se caldee
hasta que
hora ya sea del vacuno
y del pecho
de cerdo, ¡no se olvide!
de adjuntarlo
también, todo cortado:
recuerde que
el cuchillo en esta mesa
más que
inútil será como invitado.
Ya ha llegado
el momento del mondongo,
los callos
que usted llama, allá en España,
desgrasados
un tanto y en tiritas
a la olla se
irán con los porotos
y si agua le
faltare, por si acaso,
bríndele con
medida y mucho tacto
que entre
espeso y caldoso está el asunto.
Del zapallo
criollo y la batata
medio kilo a
la par es suficiente,
bien pelados,
cual testa de algún tío
que por años
perdiera cabellera,
y cortados
serán en buenos cubos
que al locro
se unirán acto mediante.
Dos chorizos
bien rojos, colorados
de aquellos
que en España son preciados
en rodajas
parejas y elegantes
serán toque
final para el cocido.
Mientras deja
por horas que se hierva,
que el locro
y el apuro no van juntos,
el "mojito"
picante americano
deberá
preparar de esta manera:
¿No conoce
el señor grasa de pella?.
Pues si sabe
qué es, téngala a mano
mientras pica
el verdeo bien finito
que con
cuarto de kilo va de sobra
para darle
valor a este "sofrito".
Dos cucharas
de grasa, según dije,
deberá
calentar en la marmita,
y si de ello
no hay, échele aceite
pero cuide
que no se ponga ardiente
pues si quema
el verdeo es un fracaso
y una pena
sería en este punto
que la cosa
concluya en un mal paso.
¿Que si aún
falta mucho, me pregunta?
¡Hombre de
Dios, si estamos terminando
este locro
que sabe a maravilla!
Pimentón
español, ya lo conoce,
cucharadas
son dos, disuelto en agua
que del ají
molido se irá una
a coronar el
gusto de la salsa.
Pues el locro
ya está. Fue mi promesa
confesarle
receta tan antigua,
pan de los
quechuas y plato de argentinos
que en torno
de un rescoldo están unidos.
¡Sírvalo
ahora, hermano de mi lengua
en tazones de
barro generosos
y piense
mientras come que esta tierra
a Europa le
legó muchos tesoros.
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EL Locro Criollo
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