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Yo me crié en bruto




Yo me crié en bruto mesmo que los talas
Los gauchos ombuces, las flores del cerro
Las turbias lagunas, los claros arroyos
Y cuantas rarezas nacen en el suelo.

Si de los que me oyen supieran como era
Hace setenta años el pueblo de Merlo
En aquellos tiempos, por aquellos ranchos.
Yo no supe nunca que hubiera un maestro.

No digo estas cosas como una alabanza
Porque ser un guaso no es un don ni un credo
Lo hago por decirles como y cuanto puede
Aprender un hombre por su esfuerzo mesmo.

Mi madre ya entonces sabía decirme
Aprenda a abrir surcos y ser buen arriero,
Déjese de letras, piense en el trabajo
Y como su padre, sea un hombre bueno.

Sepa cortar sogas y calzar tamangos
Siéntesele a un potro y ármese un apero
Forme como gaucho su tropilla criolla
Que al primer silbido busquen el cencerro.

Su padre no leiba, ni escribir sabía
Y compraba potros y vendía cueros
Arrendaba campos sin poner más firmas
Que su don de gaucho…que era un visto bueno.

Cuando hizo negocio pesó con el pulso,
Midió con la vista, midió con los dedos;
Si hubo que hacer parte con todos fue justo,
Aunque en el reparto saliera perdiendo.

Yo aprendía en las chacras junto a los fogones
A rumiar vocales tarareando versos,
Copiando una letra, pronunciando otra
Hasta penetrarlas en el pensamiento.

Cuando boyereaba, sentado en el raso,
Hacía pizarra de un limpión del suelo
Y con un palito iba haciendo un nombre
Y un día de tantos me puse contento.

Ya no soy un bruto, me grité en voz alta
Y de orgullo gaucho palpitó mi adentro
Cuando en cuatro letras supe escribir mama;
Con poner su nombre me sentí maestro

Me ensayé yo mesmo como los pichones
A batir las alas y levantar vuelo,
A rumbear caminos descubriendo pampas,
Leyendo en las hueyas como un libro abierto.

Escribí los nombres de todos los pájaros:
El hornero, el tordo, la calandria, el tero, y de cada flete de mi tropillita
La guapeza criolla, la clase y el pelo.

En la infancia mía no supe por nadie
Que era una cartilla, ni dir al colegio.
Hoy siento el orgullo que de un gaucho rudo
Oigan lo paisanos mis sencillos versos.

Esta piedra en bruto pulida en el raso
Por los fuertes soles y el zumbar del viento.
Cuando la golpean suelta chispas de oro,
Estrellitas blancas y canto de fuego.


Autor: Martín Castro

Fuente: http://elternero-ruben.blogspot.com.ar/2009_07_01_archive.html

El Rancho



Autor:  Carlos Maria Servetti


Tengo un rancho de totoras
ataperao´ por el tiempo,
tirao´ a un lao´ de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.

De adobe son las paredes,
de adobe son los cimientos,
de tala son los horcones
y las cumbreras del techo.

Como no tuve paja...
pa' terminar el alero
me faltó entre otras cosas
las ganas de hacerlo y tiempo.

Mateando, de Molina Campos


Cazé un puñao de ilusiones
me agencié de algunos sueños
los mesturé con suspiros
y se lo puse de alero.

Y pa que no me lo arranque,
el viento de los recuerdos,
lo afirmé con cuatro cifras
con estilos y con cielos.

Ansí levante mi rancho,
ansí lo puse derecho
a un costao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.

En él no me sobra nada
pero no me falta un cuero.
Tengo güen horno, fogón,
catre, pa dos tengo hecho.


Molina Campos

Porque nunca me ha faltao
a quien arrimar los güesos.
Privilegio de los zonzos
que somos cortos de genio.

Varias cabezas de vaca
tengo pa hacerme de asiento
y en las paredes: cencerro,
bolas, lazos, cabrestos,
encimeras y peguales
forman tuito el ornamento.

Y en un rincón, dormida
hasta que no la despierto,
tengo una gaucha guitarra
que es pavada de estrumento.



No bien le pego un rasguido
parece que tiene dentro:
cien zorzales encerraos
que se dispiertan riyendo
y que juyen por sus notas
cara al sol y pecho al viento.

De cuando en cuando uno de ellos
se para en el clavijero
pa leer la cinta bordada
que una morocha le ha puesto
y dice "Dolores Funes"
¡Ajaja!...quien me ha robao el sueño.

Gauchos, por Betty Toufar


Todo eso tengo en mi rancho
y algo más ¡qué ni me acuerdo!
En él son bien recibidos
amigos y forasteros.

Los primeros por ser tales,
los segundos por aquello
de que en el rancho de un criollo
a naides le falta un cuero
ande tirarse una noche,
un pedazo de asao tierno
o un goyete a que prenderse
si no mezquina el garguero.

Partida de truco,  de Molina Campos


Si pasa por él mi amigo
ahah apeesé sin recelos
va a entra al rancho de un criollo
más servicial que un yesquero.

Es un rancho pobretón
pero adentro hay un entero.
Lo hallarán al lao de la güeya
que lleva a Carmen de Areco.


Fuente: http://milongascamperas.blogspot.com.ar/search/label/Alberto%20Merlo

Un Colla



Por Fortunato Ramos

No te rías de un colla que bajó del cerro, 
que dejó sus cabras, sus ovejas tiernas, sus habales yertos; 
no te rías de un colla, si lo ves callado, 
si lo ves zopenco, si lo ves dormido.

No te rías de un colla, si al cruzar la calle 
lo ves correteando igual que una llama, igual que un guanaco, 
asustao el runa como asno bien chúcaro, 
poncho con sombrero, debajo del brazo. 


No sobres al colla, si un día de sol 
lo ves abrigado con ropa de lana, transpirando entero; 
ten presente, amigo, que él vino del cerro, donde hay mucho frío, 
donde el viento helado rajeteó sus manos y partió su callo. 


No te rías de un colla, si lo ves comiendo 
su mote cocido, su carne de avío, 
allá, en una plaza, sobre una vereda, o cerca del río; 
menos si lo ves coquiando por su Pachamama. 




Él bajó del cerro a vender sus cueros, 
a vender su lana, a comprar azúcar, a llevar su harina; 
y es tan precavido, que trajo su plata, 
y hasta su comida, y no te pide nada. 

No te rías de un colla que está en la frontera 
pa'l lao de La Quiaca o allá en las alturas del Abra del Zenta; 
ten presente, amigo, que él será el primero en parar las patas 
cuando alguien se atreva a violar la Patria. 


No te burles de un colla, que si vas pa'l cerro, 
te abrirá las puertas de su triste casa, 
tomarás su chicha, te dará su poncho, y junto a sus guaguas,
comerás un tulpo y a cambio de nada. 

No te rías de un colla que busca el silencio, 
que en medio de lajas cultiva sus habas 
y allá, en las alturas, en donde no hay nada, 
¡así sobrevive con su Pachamama! 

El leñerito

¡Leñerito, leñero!
Elizabeth Eichhorn
Andando adelante,
marcha en un burrito,
cargado de leña
y sobre el cogote,
cruzada una pierna,
va el leñero al tranco
con la rienda suelta.
¡Leñerito, leñero!
Para quien me quiera
guardo una carguita,
que es un haz de sueños
y un corazón bueno Estribillo
por una sonrisa,
que sea caricia
pa’ un pobre leñero.
Como carga y leña,
sobre mi sillera,
soñando una moza
de trenzas sedeñas,
zarcillos de plata,
carita risueña,
parece mi canto
traficao de leguas,
franqueando en la senda
y repitiendo siempre:
¡Leñerito, leñero!
Estribillo
¡Leñerito, leñero!


Letra y Música: Félix Palorma


Vocabulario:


tranco: paso largo de las caballerías
pa’: (contrac) para

sillero: caballo o mula de silla

sedeño: como de seda

zarcillo: pendiente


traficar: recorrer, transitar 

Fuente: http://www.folkloredelnorte.com.ar/cancionero/l/lenierito.html

La galera


«¡Ya viene, ya viene!» y la bandada de chicuelos haraposos, descalzos, sucios y mal peinados, se vuelve gritando y corriendo de la orilla del camino hasta el rancho. Sale una mujer gorda, vestida de percal nuevo que huele a cola y suena como pergamino, a cada paso que da. Las manos llenas de bultitos envueltos en pañuelos de algodón azul a cuadros, se aproxima al camino real y con un gesto entre majestuoso y enojado, les dice a los niños que siguen gritando como teros: ¡«Pero, callensen, muchachos!»
Efectivamente, se divisa a lo lejos un bulto grande de aspecto algo extraordinario, que se aproxima rápidamente, entre una espesa nube de polvo; y cuando viene llegando, media docena de perros echan a correr por delante de los caballos y por detrás de la máquina, ladrando como desesperados, y desafiando los latigazos, que de lo alto, les dirige el mayoral. Se paró la galera, a la señal que hizo la señora gorda, y los seis caballos jadeantes, entre una verdadera neblina de vapores, respiran; más bien dicho, soplan como fuelles.


¡Qué oficio, señor, el de caballo de galera! No hay duda que deben ser las almas de los hombres que, en vida anterior, maltrataron animales, los que están sufriendo ahora semejante suplicio.
Pero, ¿y el oficio de viajero en galera, no será peor?
Puede ser.
El mayoral ha bajado rápidamente y, abriendo la portezuela del coche, hace subir la señora.
Grito contenido de horror, entre los siete pasajeros que ya están encerrados en el instrumento de tortura.
La «Protegida del Desierto», -así se nombra, y así lo tiene pintado en el exterior de su caja amarilla,- tiene la pretensión de dar sitio en sus bancos implacables, a ocho personas, sin contar las que en racimos apiñados o colgantes, se colocan entre los baúles, valijas, bolsas y demás objetos que pueden cargarse en su techo de zinc.
Hay que resignarse: mal que mal, entre pisotones y apretones, risas y bromas campestres, fuertemente condimentadas, acaba por colocarse la señora gorda del rancho. ¡Pobre percal!
Y ya sonó el látigo, y los lastimosos y lastimados mancarrones han vuelto a partir a todo galope. Faltaba legua y media, la mitad de la posta. ¡Valor y coraje! Y si les viniera a faltar, aquí está el terrible, el incansable látigo. «Tiene buen látigo,» elogio supremo de las aptitudes especiales del mayoral de galera.
En el interior del coche, con los socotrocos del camino, se va emparejando la carga, entrándose los ángulos en las redondeces, con las tremendas y continuas sacudidas de los elásticos, y poco a poco, la conversación se hace general.
Difícil es que entre ocho personas de la campaña, no haya por lo menos dos que se conozcan, y cuatro que conozcan a algunas de las que conocen las primeras; de modo que pocos intrusos quedan, en esa efímera familia, formada por una comunidad íntima de padecimientos, y después de media hora de viaje, todos son como hermanos, o por lo menos, primos.
Al llegar a la posta, todos se bajan a desentumecer las piernas, ayudando al mayoral y al postillón a agarrar otros seis mancarrones flacos, para reemplazar a los anteriores que, en libertad ya, y agraciados cada uno con un cuerazo en la grupa o un puntapié en la panza, se revuelcan en el camino, antes de ir a buscar por allá una mantención raquítica, en perfecto desacuerdo con el esfuerzo matador que acaban de hacer.
No hay mal que no se acabe; pero hay males que duran mucho, y, entre ellos, ninguno como un viaje nocturno en galera.
Asimismo, al llegar a su destino, molido, deshecho, rendido, el viajero debe pagar a su verdugo el precio del suplicio, despedirse de sus compañeros como de viejos amigos que no volverá quizás, a ver, felicitándose del gusto que ha tenido en pasar con ellos tan agradables ratos; y si no ha perdido el tren, si la galera no ha volcado, rompiéndole algún hueso; si no ha quedado toda la noche empantanada en un bañado, debe, de yapa, dar las gracias a Dios que lo ha salvado de mil peligros.

Godofredo Daireaux 

Fuente:  "Tipos de paisajes criollos"


Libro de Felix Luna

Cocina E´ Chacra



Autor: Luis Domingo Berho.

Cocina vieja cocina
que jué de siete por cuatro
lugar donde fuera el teatro
de la reunión campesina.
Hoy mi mente te imagina
y al tiempo lo he desandao.
Y ya me veo parao
allí mismo donde estabas
y ese lugar que ocupabas
hoy es potrero pelao.

Allí se habló de las trillas
del tiempo y la maquinaria,
de los rinde por hetaria
y las clases de semillas.
Aqui estaban varias sillas
dispuestas en derredor,
y creo que sin error
podria decir certero
adonde estaba el aujero
de plantar el asador.


Foto de Juan Pablo Morisoli
El tropezón, zona rural -La Pampa-
Aqui se afiló el cuchillo
por acá pasó el amargo,
aqui estaba el banco largo
bien lavao con el cepillo.
Estaba haciendo un martillo
con la punta de la mesa,
que era larga, tioca y gruesa,
y estoy viendo el perro abajo
pellizcando con trabajo
el resto de alguna presa.

Aqui jué la carcajada
por la ocurrencia más comica,
aqui estaba la "economica"
con su plancha bien fregada.
Aqui jué la choriciada
y el baile con acordeón;
aqui se colgó el jamón
y la caña choricera,
cerquita de la arpillera
del cieloraso panzón



Cocina de Campo por


Aqui se contó el suceso
de la muerte de Lencina
esa tarde que en la esquina
estaba tirando el Güeso.
El silencio más espeso
la alegria fue copando.
Aqui se arregló Servando
con una de las muchachas.
Le lavó un par de bombachas,
y se las siguió lavando.

Aqui se sintió el olor
que dá la leña de vaca,
o el del guiso que se saca
con paciencia y con amor.
Aqui se sintió calor
la noche más invernal,
aqui se hacia el mensual,
al lao del fuego encendido,
sobre algún callo partido
su cura de unto sin sal

Cocina , vieja cocina
que jué de siete por cuatro
hoy te vé como en un teatro
mi añoranza campesina.
Como buscando tu ruina,
después de huellas inciertas,
por tus invisibles puertas
penetro con paso tardo
pa´ florecer como un cardo
sobre tantas cosas muertas.








Agüaterito

Aguaterito 'e cosecha,
gurisito tranquiador,
mete pata pa' el molino
que el agua se terminó.
De paso para una bolsa
de aquel descargue anterior,
pa ́ que la encuentren los changas
cuando aparezca el camión.

Pegale una remojada
al forro del botellón,
pa' que el agua se mantenga,
ya esta apretando el calor,
metele pata chiquito
y esperame en el rincón.
 
Allá va el aguaterito
con su cansancio y su afán,
quiere ganarse unos pesos
porque en casa hay que ayudar.

De su alpargata peluda
el gordo ya se asomó.
La paja come la chaucha
y el niño traga el dolor.

Metele pata chiquito,
que no es tiempo pa' pensar,
si el cardo te clava y duele,
a la noche lo sacás.

Atate los pantalones 
que no lo vas a alcanzar. 

Jose Larralde 
 

Versos Gauchos



Falta el aire y sobran moscas
en este domingo de Enero
no se apure compañero.
Amigo de la Raza?.
Para bailar esta danza
tiene que bailarla con elegancia

Una noche de tormenta                                 

despacito me fui corriendo
en mi caballo sureño
a Merlo fui a parar
y en la oscuridad de la noche
un Rayo me sorprendió.                                             

Un domingo me acerqué
con la guitarra en la mano
vea amigo que lindo estaba
al ver tantos paisanos tratando
de acomodarse
con El Lazo en la mano.

En La posta de Haedo
estuve un ratito
salí a descansar
con mi poncho en la mano
bajo los Tres arbolitos.

El sur me conquistó
con el perfume de una rosa
y mis saludos son
para la gente mas hermosa
y los abrazos compañero
con mucha emoción.
Viva el Folklore
orgullo de mi nación.

Para mis amigos de la zona oeste
Autor: Moises Molina